La máxima confusión entre el concepto de herramienta y el de utilidad se da en la lengua francesa, en la que «herramienta» se dice outil. Cuanto más avanza la tecnología y la ciencia, más desconfío de lo que me parece una tendencia a reducir al ser humano a la «unidimensionalidad».
Las herramientas existen ciertamente, y son, por supuesto, necesarias. Pero una herramienta no es un útil, sino una mediación. Una herramienta en manos de un educador no es una palanca para desplazar un peso que cuesta de mover, sino una ventana que abre camino a nuevos espacios en los que vivir distinto y mejor.
No es la herramienta la que hace la labor, sino el modo en que se emplea, que depende de la habilidad de quien la empuña.
Cinco criterios de evaluación
Una herramienta educativa en tanto que mediación, no es más que un camino que nos conduce a un lugar. ¿A qué lugar? No tanto al de la adquisición de una habilidad o el desarrollo de una competencia, sino a uno mucho más valioso: al punto donde se produce la emergencia de capacidades no empleadas, la apertura a nuevas realidades, el atisbo de que es posible vivir mejor en un mundo distinto y de que lo que llamamos destino está en nuestras manos.
Una herramienta educativa en tanto que mediación, no es más que un camino que nos conduce a un lugar. ¿A qué lugar? No tanto al de la adquisición de una habilidad o el desarrollo de una competencia, sino a uno mucho más valioso: al punto donde se produce la emergencia de capacidades no empleadas, la apertura a nuevas realidades, el atis- bo de que es posible vivir mejor en un mundo distinto y de que lo que llamamos destino está en nuestras manos.
He aquí algunas líneas factibles para orientarse en la evaluación de una posible herramienta educativa que se pretenda aplicar:
1. ¿Concedes protagonismo al alumno en la ejecución de las acciones que propones? ¿Haces de él un sujeto activo o un objeto pasivo? ¿Le introduces a la conciencia de «lo que haces te hace» mediante el learning by doing (aprender haciendo)?
2. ¿Demandas de él que ponga en juego simultáneamente va- rias de sus cualidades y habilidades? ¿Apuntas al desarrollo de diversos aspectos de su ser y persona más que a la especialista estricta en una sola competencia?
3. ¿Le introduces a realidades, mundos, espacios, posibilidades que desconocía o que le resultan novedosos? ¿Son esos espa- cios ilusionantes para el alumno, suscitan en él motivación y deseo de acceder a esos mundos y a lo que representan para él?
4. ¿Una vez experimentada la mediación educativa, emerge de la acción habiendo superado alguna limitación, cambiado algo de su modo de hacer y ver las cosas?
5. ¿La mediación ha hecho aflorar una capacidad no empleada del alumno e incluso desconocida por él mismo o por sus educadores?
El educador: actor decisivo
Esta transformación solamente se produce mediante la presen- cia del educador y su concreción en una escucha activa y perma- nente. Para poder dar respuesta a los interrogantes más arriba propuestos, el docente debe ser capaz de percibir los siguientes puntos.
– Las capacidades y potenciales latentes en el alumno que es posible hacer aflorar y actualizar.
– Las actividades posibles que puedan facilitar ese proceso de actualización de acuerdo con las tendencias, apetencias y gustos personales del alumno.
Una mediación educativa es en sí la expresión de un mundo, de unos valores y de una concepción del mundo. Su objetivo no es —únicamente— introducir a una habilidad o competencia, sino iniciar a una dimensión de la vida humana a quienes se introducen en ella.
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La alfabetización en la cultura digital de la web 2.0 es algo más complejo que el aprendizaje del uso de las herramientas de software social.
Se debe tener cuidado, ya que lo relevante debe ser la innovación educativa de nuestras formas de enseñar y de los procesos de aprender y no dejarnos embriagar por las promesas que acompañan a la entrada de muchas TIC en el aula.
El docente como Curator es un mediador entre la información brota de la Red, y su alumnado, de modo que seleccione el contenido con utilidad potencialmente educativa.
La calidad educativa no depende directamente de la tecnología empleada, sino del método de enseñanza bajo el cual se integra el uso de la tecnología así como las actividades de aprendizaje que realizan los alumnos con la misma.



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